Nuestro pesar por el fallecimiento de Madre Lucía Godoy
Monday 23 January 2012 - 15:20Por este medio la Dra. Rigoberta Menchú Tum y la fundación que lleva su nombre, expresan su pesar ante el fallecimiento este sábado 21 de enero de 2012 de la hermana Lucía Godoy religiosa y educadora de la Sagrada Familia de Helmet, quién fue un ejemplo de vida y entrega para hombre y mujeres.

Hermana Lucía
Una opción preferencial por los más pobres
(Tomado de albeldrío.org)
Las maestras, alumnas y personal del colegio Belga la llaman “puntal y alma del colegio”. Lucía Godoy es una monja que optó por dedicarse a la enseñanza. “Primero fui maestra y luego religiosa”, dice la hermana, cuya principal característica es una constante sonrisa en los labios, con una alegría que pronto nos resulta contagiosa.
Como alumna del establecimiento educativo donde ha laborado en las últimas décadas, se sintió atraída por la docencia desde que ayudaba a sus compañeras con las tareas de matemática. A los 16 años ya se había graduado como maestra y poco después decidió consagrarse a Jesús, por quien siempre sintió un amor especial. El amor a Jesús la hizo considerar la educación como un servicio a Dios, y recientemente cumplió cincuenta años de dedicarse a la labor docente.
Para la hermana Lucía, la religiosidad es un concepto integrador, que prioriza el servicio a los más pobres. Actualmente dirige un proyecto llamado Juventud Misionera, en el que alumnas del colegio Belga acuden a evangelizar a varias aldeas de Comalapa.
Según recuerda, en los años 80 un proyecto similar realizado en aldeas de Uspantán le valió la censura y la persecución. “Teníamos un programa de alfabetización basado en las palabras generadoras de Pablo Freire, en el que, por ejemplo, la palabra mano trae a colación la palabra trabajo, y de ahí es muy fácil mencionar el tema del salario”. Esto llevaba a que las alumnas y los campesinos terminaran discutiendo sobre las condiciones de vida de los trabajadores del campo.
El método de educar para la conciencia y la libertad fue muy mal visto por las autoridades educativas de esa época (el ministro de Educación era un militar de alta), y a la hermana se le prohibió enseñar dentro del territorio nacional. Pero ella recuerda sonriente que se disfrazaba de turista (por su porte europeo no le era difícil), y salía a escondidas a supervisar los establecimientos educativos de su congregación.
También fue amenazada de muerte porque los mismos campesinos y estudiantes que murieron quemados en la Embajada de España, el 31 de enero de 1980, habían tomado el colegio seis días antes, para denunciar las masacres que el Gobierno estaba cometiendo en sus aldeas. El no llamar a la policía le valió tal amenaza, pero ella recuerda que en ese momento sintió la voz de Jesús diciéndole: “Nunca delates a tu hermano”.
Dentro de su trabajo misionero está la fundación de la escuela Primavera, en la colonia El Milagro. Incansable, pasa de dar sus clases en el Belga a atender la escuela; dirige escuelas para padres en los dos establecimientos; orienta a las alumnas de magisterio en sus prácticas, y participa en una agrupación de maestros católicos que buscan imprimir a la educación el contenido social y humanístico que, según la religiosa, está perdiendo debido a una tendencia modernizadora que privilegia la tecnología sobre los valores fundamentales, como el amor, la solidaridad y la libertad.
Una opción preferencial por los más pobres
(Tomado de albeldrío.org)
Las maestras, alumnas y personal del colegio Belga la llaman “puntal y alma del colegio”. Lucía Godoy es una monja que optó por dedicarse a la enseñanza. “Primero fui maestra y luego religiosa”, dice la hermana, cuya principal característica es una constante sonrisa en los labios, con una alegría que pronto nos resulta contagiosa.
Como alumna del establecimiento educativo donde ha laborado en las últimas décadas, se sintió atraída por la docencia desde que ayudaba a sus compañeras con las tareas de matemática. A los 16 años ya se había graduado como maestra y poco después decidió consagrarse a Jesús, por quien siempre sintió un amor especial. El amor a Jesús la hizo considerar la educación como un servicio a Dios, y recientemente cumplió cincuenta años de dedicarse a la labor docente.
Para la hermana Lucía, la religiosidad es un concepto integrador, que prioriza el servicio a los más pobres. Actualmente dirige un proyecto llamado Juventud Misionera, en el que alumnas del colegio Belga acuden a evangelizar a varias aldeas de Comalapa.
Según recuerda, en los años 80 un proyecto similar realizado en aldeas de Uspantán le valió la censura y la persecución. “Teníamos un programa de alfabetización basado en las palabras generadoras de Pablo Freire, en el que, por ejemplo, la palabra mano trae a colación la palabra trabajo, y de ahí es muy fácil mencionar el tema del salario”. Esto llevaba a que las alumnas y los campesinos terminaran discutiendo sobre las condiciones de vida de los trabajadores del campo.
El método de educar para la conciencia y la libertad fue muy mal visto por las autoridades educativas de esa época (el ministro de Educación era un militar de alta), y a la hermana se le prohibió enseñar dentro del territorio nacional. Pero ella recuerda sonriente que se disfrazaba de turista (por su porte europeo no le era difícil), y salía a escondidas a supervisar los establecimientos educativos de su congregación.
También fue amenazada de muerte porque los mismos campesinos y estudiantes que murieron quemados en la Embajada de España, el 31 de enero de 1980, habían tomado el colegio seis días antes, para denunciar las masacres que el Gobierno estaba cometiendo en sus aldeas. El no llamar a la policía le valió tal amenaza, pero ella recuerda que en ese momento sintió la voz de Jesús diciéndole: “Nunca delates a tu hermano”.
Dentro de su trabajo misionero está la fundación de la escuela Primavera, en la colonia El Milagro. Incansable, pasa de dar sus clases en el Belga a atender la escuela; dirige escuelas para padres en los dos establecimientos; orienta a las alumnas de magisterio en sus prácticas, y participa en una agrupación de maestros católicos que buscan imprimir a la educación el contenido social y humanístico que, según la religiosa, está perdiendo debido a una tendencia modernizadora que privilegia la tecnología sobre los valores fundamentales, como el amor, la solidaridad y la libertad.
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